agosto 19, 2026
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Abordaje integrado de fisioterapia y osteopatía en la fragilidad y sarcopenia del adulto mayor: protocolos basados en evidencia

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La fragilidad y la sarcopenia representan dos de los síndromes geriátricos con mayor impacto en la calidad de vida, la autonomía funcional y el riesgo de discapacidad en las personas mayores. Aunque conceptualmente son entidades diferenciadas, en la práctica clínica se solapan con frecuencia, compartiendo mecanismos fisiopatológicos comunes como la inflamación crónica de bajo grado, las alteraciones neuromusculares y la desregulación hormonal. La fisioterapia y la osteopatía, entendidas como disciplinas complementarias dentro de un modelo biopsicosocial, pueden ofrecer herramientas de gran valor para el abordaje integral de estos procesos. Este artículo sintetiza la evidencia disponible sobre protocolos multimodales que combinan ejercicio terapéutico, terapia manual osteopática y soporte nutricional, con el objetivo de optimizar la función física y prevenir la progresión hacia la dependencia.

La literatura reciente subraya la necesidad de superar intervenciones aisladas en favor de enfoques integrados. Tanto la revisión sistemática publicada en Fisioterapia sobre sarcopenia y fractura de cadera como los estudios del proyecto ONTOP-SENATOR coinciden en señalar que el ejercicio de resistencia y equilibrio constituye el pilar del tratamiento, pero también que su eficacia puede potenciarse cuando se combina con un adecuado soporte nutricional y un manejo específico de las restricciones de movilidad. En este contexto, la osteopatía emerge como un recurso poco explorado pero prometedor para modular el dolor, mejorar la movilidad articular y facilitar la adherencia a los programas de ejercicio en adultos mayores con fragilidad o sarcopenia.

Fragilidad y sarcopenia: dos caras de una misma moneda en el envejecimiento

La fragilidad se define como un estado de vulnerabilidad incrementada frente a estresores, resultado de la disminución de las reservas fisiológicas y la acumulación de déficits en múltiples sistemas. Su expresión clínica más reconocida es el fenotipo de Fried, que incluye pérdida de peso no intencionada, agotamiento autorreportado, debilidad muscular, lentitud de la marcha y baja actividad física. Por su parte, la sarcopenia es una enfermedad muscular esquelética progresiva y generalizada, caracterizada por una reducción de la fuerza y la masa musculares, que puede alcanzar un grado severo cuando se acompaña de bajo rendimiento físico. Los criterios del Grupo de Trabajo Europeo sobre Sarcopenia en Personas Mayores (EWGSOP, en su actualización EWGSOP2) recomiendan utilizar la fuerza de prensión como parámetro de cribado inicial, la medición de la masa muscular para confirmar el diagnóstico y pruebas funcionales como la Batería Corta de Rendimiento Físico (SPPB) para evaluar la gravedad.

Ambos síndromes comparten vías etiopatogénicas y se potencian mutuamente. La pérdida de masa y función musculares contribuye directamente a la debilidad, la lentitud de la marcha y el sedentarismo que definen la fragilidad, mientras que el estado inflamatorio crónico y las alteraciones metabólicas asociadas a esta aceleran el deterioro del tejido muscular esquelético. En consecuencia, cualquier estrategia terapéutica dirigida a uno de estos procesos repercutirá, casi inevitablemente, sobre el otro. Los estudios analizados en la revisión de Marrero-Morales et al. ponen de manifiesto que los pacientes con fractura de cadera y sarcopenia presentan una peor evolución funcional, pero también que las intervenciones de fisioterapia que incluyen ejercicio de alta intensidad, entrenamiento en tapiz antigravedad y soporte nutricional logran mejoras significativas a corto y medio plazo.

Desde la perspectiva clínica, la identificación precoz es esencial. La EWGSOP2 propone un algoritmo secuencial: buscar casos, evaluar, confirmar y medir la severidad. Sin embargo, los estudios revisados revelan una importante heterogeneidad en los criterios diagnósticos aplicados, lo que dificulta la comparación de resultados y la elaboración de recomendaciones sólidas. El proyecto ONTOP-SENATOR, con su meticulosa selección de estudios basada en definiciones estandarizadas, representa un avance significativo al demostrar que los programas de ejercicio de resistencia y equilibrio, con o sin suplementación nutricional, son eficaces para mejorar la fuerza muscular y la función física, aunque la calidad global de la evidencia siga siendo calificada como baja. Esta situación subraya la necesidad de protocolos más uniformes y de incorporar variables centradas en la persona, como la reducción de caídas o el mantenimiento de las actividades básicas de la vida diaria.

Evaluación integral y criterios diagnósticos basados en los consensos internacionales

Una evaluación completa del adulto mayor con sospecha de fragilidad o sarcopenia debe integrar dominios clínicos, funcionales y nutricionales. Las herramientas más validadas incluyen la SPPB para el rendimiento físico, el dinamómetro de mano (habitualmente el modelo Jamar) para la fuerza de prensión y la impedancia bioeléctrica o la absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA) para cuantificar la masa muscular apendicular. En el contexto de la fisioterapia y la osteopatía, estos instrumentos permiten objetivar el punto de partida, monitorizar la evolución y ajustar las cargas de trabajo. La revisión sistemática de Fisioterapia recoge que los tres ensayos clínicos incluidos emplearon criterios del EWGSOP (en su versión de 2010) o del Grupo de Trabajo Asiático para Sarcopenia (AWGS), evidenciando el desfase temporal entre la publicación de los estudios y la adopción de las guías más recientes.

Más allá de las cifras, el profesional debe interpretar los resultados en el contexto global del paciente. La coexistencia de comorbilidades, polifarmacia, deterioro cognitivo o depresión modula la respuesta a la intervención. La escala de comorbilidad CIRS, utilizada en alguno de los estudios revisados, y el cuestionario breve sobre el estado mental (SPMSQ) son ejemplos de herramientas complementarias que enriquecen la valoración. En la práctica osteopática, la palpación tisular, la valoración de las cadenas miofasciales y la movilidad craneosacra pueden aportar información cualitativa sobre el estado de los tejidos y las restricciones que limitan la función, aunque su estandarización para investigación sigue siendo un desafío pendiente.

Protocolos de fisioterapia basados en evidencia: del ejercicio terapéutico a la funcionalidad

Los datos extraídos de las revisiones sistemáticas y los ensayos clínicos disponibles permiten esbozar los componentes esenciales de un programa de fisioterapia eficaz para la fragilidad y la sarcopenia. En primer lugar, el entrenamiento de fuerza progresiva es el elemento más constante y con mayor respaldo. El estudio de Oh et al., que comparó un grupo de rehabilitación convencional con otro que añadía entrenamiento en tapiz rodante con soporte de peso corporal, mostró mejoras significativas en la capacidad para caminar, el equilibrio y las actividades de la vida diaria a las tres semanas y a los tres meses, aunque los beneficios se atenuaban a los seis meses. Esto sugiere que la dosis y la continuidad del ejercicio son determinantes para mantener los logros funcionales. Por su parte, el ensayo de Invernizzi et al. combinó un programa de ejercicio aeróbico, de fuerza y de equilibrio durante dos semanas con suplementación de aminoácidos esenciales, obteniendo diferencias significativas solo en el subgrupo de pacientes con sarcopenia.

El estudio de Cheung et al., a pesar de su limitada calidad metodológica (4 puntos en la escala PEDro), introduce un aspecto relevante: la inclusión de un entrenamiento progresivo de fuerza adicional dos veces por semana durante 12 semanas tras la fase hospitalaria. Aunque no se encontraron diferencias significativas entre el grupo de intervención y el control en variables como la extensión isométrica de la rodilla o el índice de Barthel, los autores subrayan la importancia de individualizar la intensidad y de describir con precisión la duración de las sesiones y los periodos de descanso. Esta falta de estandarización es una de las principales barreras para trasladar los hallazgos a la práctica y explica, al menos en parte, la baja calidad de la evidencia global detectada en las revisiones.

  • Ejercicio de fuerza: dos a tres sesiones semanales, con cargas que permitan completar series de 8 a 12 repeticiones con un índice de esfuerzo percibido alto. Se recomienda progresar en volumen o carga cada 2-3 semanas.
  • Entrenamiento aeróbico y de marcha: preferentemente en cinta o tapiz antigravedad si existe dolor o limitación para la carga, comenzando con soporte del 50-60 % del peso corporal y velocidades de 1,5 mph, con incrementos semanales.
  • Ejercicios de equilibrio y transferencias: incorporar actividades como pasar de sedestación a bipedestación, subir escaleras, apoyo monopodal y alcances funcionales, integrando estímulos propioceptivos.
  • Movilizaciones y estiramientos: al inicio de la fase de rehabilitación, para recuperar rangos articulares y reducir el dolor, especialmente en pacientes posquirúrgicos.
  • Supervisión profesional: la mayoría de los estudios revisados emplearon sesiones supervisadas por fisioterapeutas, lo que mejora la adherencia y la seguridad del programa.

El papel de la osteopatía en el manejo de la fragilidad y la sarcopenia

Aunque los ensayos clínicos sobre el efecto de la osteopatía en la sarcopenia son prácticamente inexistentes, la plausibilidad biológica y la experiencia clínica acumulada justifican su inclusión en un modelo de abordaje integrado. La osteopatía, mediante técnicas de terapia manual, movilización articular, liberación miofascial y manipulación, puede contribuir a aliviar el dolor musculoesquelético crónico, mejorar la movilidad segmentaria y facilitar la ejecución de los ejercicios terapéuticos. En adultos mayores, la rigidez articular, las contracturas musculares y el acortamiento de las cadenas fasciales constituyen obstáculos significativos para la realización de un programa de fuerza o de marcha, y suelen perpetuar el sedentarismo y la dependencia.

La labor del osteópata, en coordinación con el fisioterapeuta, se centra en restaurar la simetría postural, optimizar la biomecánica respiratoria y reducir las restricciones fasciales que afectan la marcha y el equilibrio. En pacientes que han sufrido una fractura de cadera, donde la sarcopenia previa agrava el pronóstico, la aplicación de técnicas suaves sobre la pelvis, el sacro y el diafragma puede contribuir a disminuir el miedo al movimiento y la inhibición muscular refleja. Asimismo, un sistema nervioso autónomo más equilibrado, favorecido por el abordaje craneosacro y las técnicas viscerales, podría modular positivamente la respuesta inflamatoria sistémica y el estado catabólico que subyace a la pérdida de masa muscular. Aunque la evidencia en este campo es todavía insuficiente, la investigación en poblaciones con lumbalgia o cervicalgia crónicas ha demostrado que la terapia manual osteopática reduce la discapacidad y mejora la calidad de vida, dos objetivos esenciales en el adulto mayor frágil.

Integración de fisioterapia y osteopatía: hacia un modelo multimodal

El enfoque integrado propone que el profesional valore al paciente de forma global y diseñe una intervención personalizada que combine las diferentes herramientas terapéuticas. Por ejemplo, tras una fractura de cadera en una mujer de 82 años con sarcopenia severa, el plan podría iniciarse con movilizaciones pasivas y técnicas osteopáticas para liberar la tensión lumbar y pélvica, seguidas de ejercicios de fuerza en descarga con tapiz antigravedad y, progresivamente, entrenamiento de resistencia con bandas elásticas y trabajo de equilibrio. Este modelo responde fielmente a la recomendación de la revisión sistemática de Fisioterapia, que concluye que los pacientes con sarcopenia y fractura de cadera pueden tener una mejor evolución si combinan ejercicios de fisioterapia con un protocolo nutricional adaptado, y añade una pieza clave: el tratamiento manual osteopático para modular las barreras mecánicas que interfieren con el movimiento.

La secuencia temporal de las sesiones es relevante. Las técnicas osteopáticas pueden aplicarse antes de los ejercicios activos para reducir el tono muscular excesivo y facilitar la activación neuromuscular, o al finalizar la sesión como herramienta de recuperación y modulación del sistema nervioso parasimpático. En el ámbito del ejercicio físico, los protocolos multicomponentes que integran fuerza, resistencia, equilibrio y flexibilidad han mostrado los mejores resultados, especialmente cuando se mantienen más allá de la fase aguda de rehabilitación. La ponencia sobre sarcopenia presentada en la Jornada del Colegio de Fisioterapeutas, basada en una revisión sistemática post-EWGSOP2 y en un estudio Delphi con expertos, confirma que la mayoría de los estudios incluían entrenamiento de resistencia, a menudo integrado en programas multicomponente, y que solo dos de ellos clasificaron la severidad de la sarcopenia, lo que constituye una llamada de atención sobre la necesaria individualización de los tratamientos.

Suplementación nutricional y su sinergia con el abordaje manual y el ejercicio

El músculo necesita sustrato para regenerarse y adaptarse al estímulo mecánico. El ensayo de Invernizzi et al., el único de los tres revisados que encontró diferencias significativas atribuibles a la combinación de ejercicio y suplementación con aminoácidos esenciales, resalta la importancia de individualizar el soporte nutricional. Los 4 gramos diarios de aminoácidos esenciales, administrados junto con asesoramiento dietético durante dos meses, mejoraron el nivel de movilidad en los pacientes con sarcopenia, mientras que en aquellos sin sarcopenia no se apreciaron diferencias. Este hallazgo sugiere que la respuesta al aporte proteico puede ser dependiente del grado de depleción muscular previa y que los protocolos nutricionales deben ajustarse a la situación basal del paciente, idealmente bajo la supervisión de un dietista o nutricionista integrado en el equipo.

Desde la óptica osteopática, un adecuado estado nutricional e hídrico favorece la viscoelasticidad de la fascia y la respuesta de los tejidos a la terapia manual. La deshidratación y la desnutrición proteico-calórica, tan frecuentes en el anciano frágil, aumentan la rigidez tisular y la susceptibilidad a las lesiones por sobrecarga. Por tanto, el abordaje manual y el ejercicio deben ir acompañados de recomendaciones sobre ingesta proteica, vitamina D y calcio, micronutrientes cuyo déficit se asocia a un mayor riesgo de caídas, fracturas y sarcopenia. La revisión del proyecto ONTOP-SENATOR incide en que el ejercicio de resistencia y equilibrio puede ser el primer paso de tratamiento, pero que la suplementación nutricional añadida podría potenciar sus efectos. En espera de ensayos más robustos, la integración de fisioterapeutas, osteópatas y nutricionistas en equipos multidisciplinares se perfila como la estrategia más prometedora para combatir la fragilidad y la sarcopenia desde todos sus frentes.

Limitaciones de la evidencia actual y oportunidades de investigación futura

A pesar de los prometedores resultados descritos, las revisiones sistemáticas hasta la fecha coinciden en señalar la baja calidad metodológica y la escasez de estudios específicos para la población con sarcopenia y fragilidad. La escala PEDro de los ensayos incluidos en la revisión de Fisioterapia osciló entre 4 y 8 puntos sobre 10, y las puntuaciones en la escala de Jadad reflejaron calidad baja excepto en un estudio. La variabilidad en los criterios diagnósticos, la corta duración de las intervenciones y la ausencia de seguimiento a largo plazo limitan la generalización de los hallazgos. Además, ninguna de las revisiones analizó el posible efecto de la osteopatía como intervención aislada o coadyuvante, a pesar de que su uso clínico está ampliamente extendido en centros de rehabilitación geriátrica.

El reciente estudio Delphi mencionado en la Jornada de fisioterapia geriátrica, que buscó consensuar protocolos adaptados a distintos niveles de severidad de sarcopenia, constituye un paso adelante hacia la estandarización. Los expertos reclaman mejorar la comunicación de los protocolos mediante herramientas como el Consensus on Exercise Reporting Template (CERT), así como incorporar variables de resultado centradas en el paciente, como la calidad de vida, el sueño y la función respiratoria. La investigación futura debería evaluar, con diseños aleatorizados y controlados, el valor añadido de la terapia manual osteopática en combinación con programas de ejercicio y nutrición, así como explorar biomarcadores de inflamación y estrés oxidativo que permitan objetivar los cambios fisiológicos asociados a las intervenciones multimodales.

Conclusiones para pacientes, cuidadores y público general

La fragilidad y la pérdida de masa muscular no son una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino procesos que podemos ralentizar, e incluso revertir en parte, con las herramientas adecuadas. El ejercicio físico adaptado, supervisado por profesionales, es la intervención más potente para recuperar fuerza, equilibrio y autonomía. La fisioterapia propone rutinas de entrenamiento seguras y progresivas, que van desde movilizaciones suaves hasta trabajo de resistencia y marcha, siempre ajustadas a la condición de cada persona. La osteopatía, por su parte, ayuda a aliviar el dolor y las contracturas que a menudo impiden moverse con libertad, preparando el cuerpo para responder mejor al ejercicio. Completar estos cuidados con una alimentación rica en proteínas y vitamina D, y con el seguimiento de un nutricionista, multiplica los beneficios y protege frente a caídas y fracturas.

Si usted o un familiar presentan síntomas como cansancio excesivo, pérdida de peso sin motivo, lentitud al caminar o necesidad de ayuda para levantarse de una silla, es importante consultar con un equipo que integre medicina, fisioterapia y, cuando sea necesario, osteopatía. No se trata de sumar terapias de forma aislada, sino de trazar un plan común, coherente y mantenido en el tiempo. Los mejores resultados se obtienen cuando los profesionales se coordinan y la persona mayor se convierte en protagonista activa de su propio cuidado. La evidencia demuestra que, incluso en situaciones de fragilidad avanzada o después de una fractura de cadera, la combinación de ejercicio, terapia manual y soporte nutricional puede marcar la diferencia entre la dependencia y una vida plena.

Conclusiones para profesionales de la salud y fisioterapeutas

Los datos procedentes de ensayos clínicos y revisiones sistemáticas indican que el ejercicio de fuerza y equilibrio constituye la piedra angular del tratamiento de la fragilidad y la sarcopenia en el adulto mayor. La incorporación de entrenamiento en tapiz antigravedad y la suplementación con aminoácidos esenciales pueden proporcionar beneficios adicionales en subgrupos específicos, como los pacientes con fractura de cadera. Sin embargo, la calidad de la evidencia sigue siendo baja, en gran medida por la falta de estandarización de los criterios diagnósticos, la ausencia de descripciones detalladas de las cargas y volúmenes de entrenamiento, y la escasa duración del seguimiento. La aplicación de herramientas como el CERT y la adopción universal de los criterios EWGSOP2 contribuirían a mejorar la calidad de los futuros estudios.

La osteopatía, a pesar de su extendido uso clínico, representa un área de vacío investigador en el ámbito de la geriatría. Su potencial para modular el dolor, mejorar la movilidad segmentaria y facilitar la adherencia al ejercicio justifica la necesidad de ensayos controlados que evalúen su eficacia como tratamiento coadyuvante. Mientras tanto, el modelo integrador presentado —fisioterapia, terapia manual osteopática y nutrición— se apoya en la plausibilidad fisiológica y en la experiencia clínica, y se alinea con las recomendaciones de los consensos internacionales sobre fragilidad y sarcopenia. La clave del éxito radica en la individualización de los protocolos, la coordinación interdisciplinaria y el mantenimiento a largo plazo de las intervenciones, elementos todos ellos que deben guiar tanto la práctica asistencial como la agenda de investigación en los próximos años.

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